Palabras de presidente del MORENO en el cierre del acto conmemorativo del 6º Aniversario, realizado el día 8 de abril
Muchas gracias queridos amigos, compañeros…No me voy a extender mucho porque ya hemos avanzado bastante sobre los temas. La cuestión esencial es donde estamos parados, qué hacemos para salir de esta crisis. Para empezar, digamos cuatro o cinco cosas sobre lo que está pasando en el mundo, en qué tiempo estamos viviendo. Hoy los paradigmas en materia de energía y de petróleo han cambiando radicalmente, hay una realidad objetiva que así lo muestra. El mayor consumidor de energía mundial, los EEUU, de ser uno de los mayores exportadores mundiales de crudo, hoy importa el 60%. Para asegurar el mismo, ha inventado la teoría de las guerras preventivas, y anda por el mundo guerreando. Seguramente intentará hacerlo en Venezuela y América Latina, que tienen una de las mayores reservas del planeta. Digamos también que hoy el 80% de ellas están en manos de empresas estatales. Solo las reservas de PetroChina duplican las de la americana Exxon-Mobil. Pero a pesar de que en la mayoría de los países el dominio del petróleo es del Estado, a través de las concesiones las multinacionales se quedan con él, como sucede en la Argentina.
Hoy ha cambiando también la concepción jurídica respecto a la tenencia del petróleo. En América Latina impera la tradición del derecho hispanoamericano que establece que las riquezas del subsuelo le pertenecen al Estado. Por el contrario, el derecho anglosajón le reconoce la propiedad al propietario superficiario como dueño “desde el cielo hasta el averno”. Pero hoy, claro, Inglaterra y EEUU, tienen poco petróleo han inventando una peligrosa teoría jurídica -una suerte de ´res nullis´petrolera- donde el petróleo es de quién primero lo encuentre. Esto tiene que ver con la necesidad de hacerse del petróleo de la Antártida y del Ártico, y por eso no es casual que Gran Bretaña haya ampliado su jurisdicción en las Islas Malvinas a 350 millas para llegar hasta la Antártida. Es decir, pretende apropiarse de los grandes bancos de petróleo que están en la colosal franja que comienza al sur de las islas y llega al continente antártico. Solo las reservas que están muy cerca de Malvinas, en el islote sumergido de Burwood que tiene una superficie de 10.000 km2, son superiores a las del Mar del Norte. Por esta razón, Inglaterra empieza hoy a violar el acuerdo sobre la Antártida que firmó hace varias décadas con Argentina, Chile y otros países, que establecían una suerte de status quo y dominio compartido sobre estos territorios. Esto es muy grave: tenemos que abrir los ojos y actuar porque estamos perdiendo en la Causa Malvinas.
Pero hoy en América Latina soplan otros aires: los de la recuperación de los recursos naturales. Hoy, lo que marca la política en América Latina con grandes reservorios de materias primas, es la defensa de los recursos de la tierra y el mar. Los recursos naturales son como las piernas del cuerpo de las naciones, que les permiten andar y financiar su desarrollo sin endeudamiento externo. Argentina los perdió por las privatizaciones del 89, con tres simples decretos de Menem. Lo que le aportaba YPF y Gas del Estado al tesoro nacional todos los años, fue reemplazado con deuda externa. Si hacemos el cálculo de lo que perdimos en estos 18 años, más los intereses acumulados, llegamos a una cifra muy superior a toda la deuda externa. Por eso decimos que la deuda monumental que nos dejaron Menem y de la Rúa, tiene que ver con la pérdida de los hidrocarburos.
Argentina fue un caso rarísimo: el único país del mundo que perdió su petróleo sin guerra mediante, después de haber sido pionera en el continente y haber creado la primera empresa estatal de occidente: YPF le abrió el camino a Petróleos de México y a Petrobrás. La gran política de Estado que unió a los argentinos desde el descubrimiento del petróleo -1907- hasta Menem, estableció que los hidrocarburos eran un recurso estratégico al servicio de la Nación. El general Mosconi, en los años veinte, derrotó las tesis de las oligarquías provinciales que aliadas a la Standard Oil, querían hacer del petróleo un recurso provincial. Era justicia porque en todas las naciones soberanas los recursos naturales lo maneja el Estado, pero además, porque el conjunto de los argentinos financió la industria hidrocarburífera. Fueron porteños, bonaerenses, santafecinos, entrerrianos, cordobeses, tucumanos, habitantes de 14 provincias que no tienen petróleo pero donde reside el 85% de los argentinos quienes financiaron durante más de 80 años el desarrollo de esta industria. Por eso la Reforma Constitucional del 1994 que estableció que los recursos del subsuelo le pertenecen a las provincias, como bien dijo Gustavo Calleja, es una aberración política y una gran injusticia económica.
En definitiva, desde 1989 Argentina abrazó el peor de los modelos entregando todo cuando el precio del barril de crudo estaba en su mayor baja: 12, 13 dólares el barril. Acá se concesionó, se entregó, se regaló, sin ningún compromiso de inversión: son las petroleras las que deciden si invierten o no. Y sucedió que lejos de venir a multiplicar las reservas como tantas veces nos dijeron para llegar a la privatización, construyeron cinco gasoductos para llevarse al exterior el gas que YPF había detectado: de 36 años que teníamos hoy quedan ocho, de 26 ó 27 años de crudo, restan 6. Les dieron a las empresas la libre disponibilidad del recurso y convirtieron a la Argentina en un país exportador, sin tener las reservas suficientes para exportar como Venezuela o México. Éramos un país con el petróleo suficiente para asegurarle el futuro a los argentinos, como lo establece la Constitución Nacional. Dice que no se pueden agotar los recursos que le pertenecen a las próximas generaciones. Y a pesar de que nos quedan pocas reservas y se están importando hidrocarburos, hoy se sigue exportando. Lo digo con dolor porque estamos a contramano de la historia: Argentina, junto a Rusia y Bolivia, fue uno de los países que privatizó sus hidrocarburos en los años 90, pero el único que no los recuperó. Putin enfrentó a la oligarquía petrolera nacida con Yeltsin, y Evo Morales nacionalizó los hidrocarburos en el 2006. En Ecuador, Rafael Correa, que ya dividía con las petroleras la renta al 50% hasta u$s 35 el barril, ante la estampida del precio internacional dijo: “Voy a tomar otro camino: como los costos internos siguen siendo los mismos, aumentaremos las retenciones para quedarnos con el 99% de todo lo que supere los u$s 35 el barril”, y no chistó nadie.
En Argentina, Kirchner recuperó renta petrolera al aumentar las retenciones sobre lo que se exporta – el 20 al 25% de lo que producimos- pero lejos de ir hacia la recuperación del recurso, fue en dirección contraria. Durante su mandato y en el año 2006, entregó con libre disponibilidad del crudo y libre de todo impuesto, la riquísima plataforma marítima continental que Menem no se había animado a privatizar, incluyendo el área del Golfo de San Jorge, donde décadas atrás la Y.P.F. estatal había explorado y detectado grandes yacimientos. Como si fuera poco, en octubre del 2006, Kirchner otorgó grandes desgravaciones impositivas a las petroleras para que cumplieran con su obligación de perforar y reponer las reservas que habían extraído y que no lo habían hecho, y lo más grave de todo, es que hizo modificar la ley nacional de hidrocarburos vigente –Nº 17319- para traspasar el dominio total de los yacimientos a las provincias, siguiendo lo establecido en la Reforma Constitucional de 1994. Era la medida más antinacional tomada en materia petrolera desde las privatizaciones de Menem, porque terminaba con la política de Estado que imperaba desde 1907, descuartizando al país en materia de recursos petroleros. El resultado fue que desde fines del 2006, las provincias se dieron al festín de re-privatizar las concesiones de Menem prolongándolas por 20 ó 30 años más.
A esta altura de la charla y por si cabe alguna duda de lo que estoy contando, quisiera advertir que jamás hemos deseado de que nos vaya mal -y mucho menos el MORENO, ni somos de esa raza de opositores que quieren que el gobierno fracase, y que se obstina en negar los aportes realizados o las posibilidades de cambio. Si algo tiene de interesante el MORENO es que es un espacio transversal: nos ha reunido la idea de trabajar por el país y decimos que lo que es bueno para la Nación y el pueblo, lo haga quien lo haga, es bueno para la Argentina y debe reconocerse sin mezquindades. Recordemos que el M.O.R.E.N.O. nació como expresión de una conciencia ciudadana que permitió unir a compañeros independientes o de diversas corrientes de izquierda, con los que venían del radicalismo histórico, el que inició la industria petrolera en el país con Y.P.F., junto a los que venían del peronismo histórico que creó Gas del Estado e incorporó el artículo 40 en la Constitución de 1949 que dice: “las caídas de aguas los minerales, los hidrocarburos…son propiedad imprescriptible e inalienable de la Nación” . Por todo esto, nos une la certeza de que se debe y se puede recuperar la energía para beneficio del pueblo argentino.
Digo que aquí están los técnicos y trabajadores de la industria del petróleo y la energía como el compañero José Rigane, secretario de FETERA, o los de Oro Negro y otras organizaciones. Seis años que venimos realizando esta militancia de unidad, de oírnos, de comprendernos, de no anteponer el pasado al futuro, de no caer en la trampa de discutir las cosas del pasado para terminar desunidos. Aprendimos a respetar nuestros pasados que contienen enormes aciertos, pero también errores y oscuridades. Dejemos el pasado, compañeros, porque mientras perdemos el tiempo mirando para atrás, nos desunen y nos ganan el presente y el futuro. No es comprensible que Argentina, teniendo todas las posibilidades y en un mundo que se va a presentar cada vez más peligroso, no tenga una política de recuperación o defensa de sus recursos naturales. Esto es incomprensible, porque es el abecé de cualquier política responsable. Lamentablemente los intereses políticos, los compromisos, las incertezas, confunden y muchos de estos reclamos quedan en el camino y no se los toma con la debida fuerza junto a otros reclamos. Yo no estoy de acuerdo con las políticas que dicen que en la Argentina vivimos entre el blanco y el negro. Esa es la fábula y el chantaje entre el diablo y el bueno, el monstruo y los corderos, una trampa política que nos ha costado mucho en estos años.
A fuerza de golpes, hemos perdido ingenuidad, compañeros: cuando en mayo del año pasado se realizaba en la Capital una elección estratégica entre Macri, candidato declarado de la derecha, y Filmus con el frente gubernamental, se lanzó una campaña que tendió a polarizar la elección y a construir detrás del candidato de Kirchner la imagen de la fuerza progresista que debía impedir la llegada de la derecha. Pero la realidad fue que en ese mes de mayo del 2007, el gobierno “K” daba luz verde para firmar el contrato de prórroga de la concesión del yacimiento “Cerro Dragón” – el mayor del país y el de mejor calidad de crudo- hasta el 2047. El contrato se había discutido meses en el Ministerio de Planificación y la Secretaría de Energía y aprovechando la distracción por la contienda electoral y la desinformación, la Legislatura de la provincia de Chubut, con la venia del Gobierno nacional, aprobaba la renovación. Un contrato anticonstitucional, porque renovaba la concesión de Menem diez años antes de su vencimiento y violando la ley de hidrocarburos que establece que solo se podrán revisar o prolongar las concesiones seis meses antes de su terminación. Mientras la ciudadanía confrontaba en la batalla de los llamados progresistas versus los reaccionarios, el gobierno nacional lanzaba el más bochornoso y lesivo contrato para los intereses argentinos. Y no estoy exagerando, el contrato de Cerro Dragón dice en su artículo 2º que el mismo procedimiento -la prórroga- se podrá aplicar a todas las demás concesiones de Chubut.
Desde entonces, todas las concesiones se han negociado y prolongado. Por ejemplo, el actual vicepresidente de la Nación Dr. Cobos, ex gobernador de Mendoza, negoció las 12 áreas provinciales y parece que la mitad de ellas pasaron a manos José Luis Manzano y sus amigos. Mientras la ciudadanía está distraída y el estratégico tema del petróleo está ausente del debate nacional, en todas las provincias se volvió a privatizar por varias décadas y hasta la extinción total de los pozos. ¿En nombre de qué necesidad, señores funcionarios? ¿Cómo podemos aceptar que se haya entregado el petróleo de nuestros hijos y nietos sin ninguna urgencia de hacerlo?¿No es esta una traición a la Nación?¿Que otro calificativo podríamos poner...? Hoy el barril supera los 100 dólares, y en 5 años nadie puede asegurar si valdrá 200 ó 300, pero lo han negociado hasta el 2047. A u$s 100 el barril, lo que extrae Cerro Dragón supera largamente los u$s 3500 millones de exportaciones anuales. ¿Cómo podemos aceptar que la Panamerican Energy -que en realidad es la British Petroleum y el banco Chase-Morgan- se lleve semejante tesoro con una declaración jurada? ¿Cómo podemos admitir que haya funcionarios o mandatarios -o el presidente de la Nación- permita semejante latrocinio?
Igual y peor pasa con la minería, porque con el petróleo están obligados a retornar al país el 30% de las divisas de sus exportaciones; en minería no tienen obligación de retornar ni un dólar de sus ventas. Llevan 60 metales en el barro metalífero y liquidan solo por el oro, la plata y el cobre. Han tenido más de 300% de aumento en el precio internacional del oro y los metales en los últimos 30 meses y no se les aplican retenciones. Pero todavía es más bochornos y les pido que me crean: el Gobierno Nacional con decretos firmados por Kirchner, reintegra a las corporaciones mineras del 2% al 7% de sus exportaciones, con lo que pagan todos los gastos operacionales. Estamos hablando -entre evasión fiscal y la riqueza que se llevan hoy- de 5.000 a 8000 millones de dólares anuales que pronto superaran los 10.000 millones de dólares, aunque liquiden por 3.000 o 4.000 millones. Junto con la renta petrolera total del país –interna y externa- estamos hablando de cifras que largamente superan los u$s 20.000 millones. Y la mayor parte de la sociedad mira para otro lado, porque esta desinformada, no cree o no le conviene creer en esto que estoy contando.
El silencio de los medios de comunicación es total. Desde el MORENO y nuestros boletines, después de seis años de prédica, hemos logrado instalar el tema en el debate, pero el acto de hoy no figura en ningún diario. Frente al silencio mediático y la sordera oficial, no debe extrañar la curiosa respuesta que dio Miguens, el dirigente de la Sociedad Rural, cuando le preguntaron por qué cortaba ahora la ruta si antes se oponía cuando la cortaban los pobres: “debo reconocer que el piquete y el corte de ruta, ha demostrado ser hoy el arma más eficaz para que nos oigan”. El pueblo argentino lo inventó en Cutral-Có en 1996, y el boliviano se movilizó en octubre de 2003 y cortaron los caminos de acceso a La Paz para que el gas boliviano no saliera a Chile y EEUU. La batalla dejó 80 muertos y decenas de heridos, pero allí se inició el proceso de recuperación de los hidrocarburos para Bolivia y no se fue ninguna petrolera. Con sabiduría y paciencia Evo Morales dijo: “Muchachos no se enojen, ahora voy a dar vuelta la taba, ahora me voy a quedar con el 82% y ustedes se van a llevar solo el 18%. No sean tontos, saquen la cuenta, con el precio del barril hoy están ganando más de lo que ganaban antes”.
Tampoco puedo olvidar que en plena crisis del campo, cuando todos estábamos pendientes de este gran conflicto, también se daba luz verde en la legislatura de Santa Cruz, -en una maniobra sorpresiva, sobre tablas y en extraordinarias- a la aprobación de la parte santacruceña del contrato de Cerro Dragón. ¿Cuántos otros ejemplos y traiciones deberemos agregar para movilizar las conciencias? Repitámoslo: la denuncia de estos hechos lesivos para el país no se contrapone con el reconocimiento o apoyo de políticas oficiales acertadas. Lo que no es posible es hacerle el juego a la confusión y a los chantajes que dividen el país en dos bandos, porque el país, como la política, transcurre siempre en la enorme gama de los grises, compañeros. Ni una cosa ni la otra. Firmeza para defender todas las causas que benefician a nuestro pueblo, vengan del gobierno o de la oposición, pero también, una enorme firmeza para seguir el ejemplo de tantas mujeres y familias rurales que en estos días cortaron el acceso de la soja a los puertos de las multinacionales del cereal en Puerto San Martín. ¿Cuánto faltará para que nuestro pueblo salga a impedir el despojo del petróleo y nuestros metales...? (Aplausos)
En definitiva lo que no puede ser, compañeros, es que seamos indiferentes ante este despiadado saqueo de recursos no renovables y estratégicos. En esta entrañable y honda América Latina, se siguen librando batallas decisivas: ahí está el descomunal ejemplo de una movilización silenciada por los medios y multitudinaria: es la que protagoniza el pueblo mexicano. En el Golfo de México, están una de las grandes reservas de petróleo del mundo y los hermanos mexicanos están sufriendo el embate privatizador con Repsol a la cabeza. Frente a ella se alza la resistencia popular lanzada por Andrés López Obrador: 100 mil, 200, 300 mil personas ocupando el Zócalo, decenas de miles de mujeres ocupando o cortando las rutas, todo México está de pie en la defensa de su petróleo. (Aplausos)
Para finalizar, hago mías las palabras finales del compañero de los “Chicos del Pueblo”: “tenemos un compromiso de amor por la hermosura y un compromiso de sangre por nuestro pueblo”. Hoy estamos celebrando un compromiso de hermandad y unidad por la defensa de la Patria y sus recursos; hoy celebramos el gesto hermoso, maduro y ético de David Romero e Hipólito Solari Yrigoyen, que habiendo militado a lo largo de sus vidas desde trincheras políticas opuestas, fueron al encuentro para defender el interés de la Nación y se unieron para presentar el recurso de amparo sobre la prórroga de Cerro Dragón. (Aplausos)
Compañeros, no tengo más que agregar sino reiterar el más amistoso, hondo y sincero mensaje a todos mis conciudadanos, para superar desconfianzas, prejuicios y rencores y colocar el interés de la Nación y la defensa de sus recursos naturales por encima de cualquiera de las banderas políticas que legítimamente cada uno milita y defiende. Si pudimos, podemos. Un gran abrazo para todos ustedes, ¡Viva la Patria! |